Esa noche me dolía la lengua, los secretos me la quemaban, y lo peor, es que ni yo escuchaba mis apretadas palabras.
Sin embargo, estaba ahí ese fantasma que venia hasta mi apartada recámara, cada noche de fracaso, en que las fragancias dulces en el aire se rompían.
-¿Te duele tanto?
-Sí.
Quedo atento unos minutos.
-Y por que no lo sueltas.
-Mi propia tortura no me deja hacerlo.
-Tienes miedo, sabías que el temor a tus palabras es el sufrimiento de los poetas.
Me trague la saliva, que tenía minutos guardando.
-Es solo que aún no quiero irme, sin la noche, yo no podría vivir. Quiero quedarme aquí, aunque me congele.
Me miro con una pregunta en los ojos.
-Sí te quedas congelado, no sabrás más que hacer, te perderás, y quien sabe que sea de tí despues.
Casi con lágrimas, aparente saber, y aceptar las palabras.
-Lo sé.
-Aún no sabes, tienes que entenderlo. Este mundo de todas formas no será tuyo, aunque tengas miedo toda la vida. Deberás viajar a la pesadilla. Ahora duermete, que mañana intentarás de nuevo.
jueves, 12 de julio de 2007
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1 comentario:
ehh Hugo!!
a la neta este ha sido el que mas me a gustado hasta el momento pero creo que mientras sigas asi habra mejores.
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